miércoles, 28 de mayo de 2025


QUE AÚN no estoy lo bastante domesticada lo noto cuando voy leyendo en el metro y algún bobo, después de sentarse a mi lado, pone música o se pone a hablar por el móvil tan campante, sin prestar ninguna atención a mis derechos de lectora. Cada vez que me sucede esto, que no es nada excepcional, abandono mi asiento no sin dar un suspiro, pues aún conservo la infantilidad de que se me note la razón de mi marcha.