sábado, 17 de mayo de 2025


SOBRE EL privilegio de que disfruta el autóctono y la mengua psicológica desde la que parte el inmigrante yo pido hacer esta prueba, sonómetro en mano: mídanse los decibelios que alcanzan los inmigrantes cuando están hablando con madrileños y luego mídanse los que alcanzan cuando se van al centro boliviano, marroquí o ecuatoriano y están con los suyos. Se comprobará que el inmigrante baja la voz ante el autóctono, con el que no quiere cometer ningún desliz, y lo sube cuando visita por ejemplo un bar madrileño de su país, donde están los suyos.