AHORA EMPIEZA de nuevo la pesadilla de otra búsqueda de piso y otra mudanza. Será el décimo piso que ocupo en Madrid en veinte años, y eso que en todos he pagado religiosamente, pues antes me quedo sin comer que sin pagar, y en todos me han devuelto al final las fianzas que aboné al principio. Como decía mi padre, el mundo no está concebido para nosotros, que somos incapaces de centrarnos, sino para el que tiene alma de PNV, para aquellos que no descansan hasta lograr la deseada propiedad que les garantiza estabilidad y arraigo.
No es que yo desee arraigarme, y menos en un lugar de ley de la jungla como este, pero diez pisos de alquiler distintos en veinte años me parece excesivo. Ni de nombre suelo cambiar yo tan rápido :)