LA OBSESIÓN que tengo con Goethe. Es que no se puede ser más grande. Aunque no comulgo con él en todo, claro está. Le dice por ejemplo en una carta a Schiller que si el arte de la poesía se perdiera completamente, podría ser reconstruida a partir de la lectura de El príncipe constante, de Calderón de la Barca, por lo que de inmediato me saco ese libro calderoniano de la biblioteca. Sin embargo, he comenzado a leerlo y me he aburrido enseguida, porque ya no soy capaz de resistir el octosílabo rimado, aunque sea solo en asonante. Y qué cantidad de retórica...