miércoles, 5 de noviembre de 2025

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LOPE COMO poeta es un mamífero superior, al punto de que para mí sería el más grande poeta en español de siempre, por encima de Quevedo o de Neruda, si no fuera por un PERO no pequeño, y es que su obra poética es inabarcable y gran parte de ella, me refiero a sus poemas largos, están escritos en chacharandés, neologismo maricrónico que no solo afecta a Lope sino que viene a ser el desgraciado idioma literario de la tradición española. Sin embargo, cuando Lope acierta, me refiero a sus Rimas humanas o sobre todo a sus Rimas de Tomé de Burguillos, que para mí es junto a las Coplas de Manrique o Residencia en la tierra el mejor poemario que me he leído en español, es un monstruo mejor que cualquiera y me descubre la que es para mí la verdadera sustancia de la poesía, que no responde a algo profundo o misterioso que quiere competir con la religión o la filosofía, sino a algo grácil, ligero, sin pretensiones, que eleva la vida y le rinde homenaje. Dijo Cernuda una vez, en crítica de las más dañinas que se han hecho nunca, que Lope de Vega no había introducido ninguna innovación formal en la poesía, crítica injustísima porque el tipo de poema que hace Lope, totalmente transparente y sin trucos, es una isla formal que no tiene precedentes (quizá algunos poemillas del Cancionero) ni discípulos en la poesía en español, y quien ha intentado acercarse (Lorca, Alberti) se ha caído por las escaleras.