ES TAN bonito. No suelo dejar a mis gatos dormir conmigo, pero tampoco me molesta. Me suele suceder que, cuando llevo cuatro o cinco horas durmiendo y sufro un leve desvelamiento, o cuando trato de darme la vuelta en la cama, ¡tachán!, ahí los tengo, bien al uno o a la otra, a veces a los dos, pegaditos a mí rodeando mi cabeza.
Creo que lo hacen, aunque saben que no deberían, porque en el fondo adivinan que me gusta :)