DE LO sinfuego que es el mundo actual qué mayor prueba que el odio que se le tiene al color amarillo, me refiero al amarillo intenso, aunque advierto rechazo a la intensidad en general. Vayas a una tienda de ropa, leas un catálogo de muebles o te fijes en el decorado de cualquier programa televisivo, por doquier triunfa lo ocre o lo difuminado, al punto de que yo, el pasado domingo, cuando fui a comprar marirropa al centro comercial La Gavia, me bastó con echar una ojeada panorámica a cada tienda y, cuando adivinaba que no había ninguna pieza amarilla, me salía de inmediato sin comprar nada, pues soy una sissy y las sissies como yo no nos compramos ropa para-que-no-se-nos-vea.