EN EL último capítulo de Hombres representativos, el dedicado a Goethe, Emerson trae a colación esta anécdota brutal:
Si conociéramos la génesis de las finas pinceladas de elocuencia, recordaríamos la complacencia del sultán Amurath, quien decapitó a algunas persas para que su médico, Vesalio, viera los espasmos en los músculos del cuello.
Nada más leerla he olido que era falsa, y así me lo ha refrendado Claude:
La biografía bien establecida de Vesalio lo sitúa como profesor en la Universidad de Padua (1537–1542) y después médico imperial en la corte del emperador Carlos V, y más tarde al servicio de Felipe II de España. No existe ningún registro histórico serio de que trabajara para un sultán otomano. El nombre "Amurath" (forma europea de "Murad") corresponde a varios sultanes otomanos (Murad I, II, III...), pero ninguno de sus reinados coincide de forma verificable con un episodio de este tipo vinculado a Vesalio. Este tipo de anécdota —un gobernante que ejecuta prisioneros para que un médico o anatomista pueda "observar" un fenómeno fisiológico— es un tópico narrativo recurrente en la literatura de los siglos XVII-XIX sobre "tiranos orientales" y la supuesta crueldad "científica" de los soberanos musulmanes. Aparece en varias versiones con distintos protagonistas, lo cual es un indicio típico de leyenda circulante más que de hecho registrado por fuentes primarias fiables.

















