ESCRIBE EL editor de Clarín Luis Vinker, sobre la despedida de Messi:
Su comportamiento sin divismos ni prepotencia le permitió brindarle felicidad a millones de argentinos durante ese período. Su conducta sin grietas ni autoglorificación sirvió de espejo para los chicos y jóvenes a lo largo de este tiempo.
Claro que sí, la humildad es lo más importante, también en Argentina. A mí, en cambio, como debí sufrir de pequeña una brutal caída por las escaleras, lo que me brindó felicidad no fue la humildad de Messi, sino su forma cómica de llevar el balón cosido a la bota, su balance estratosférico, de cuerpo poderoso, con un tren inferior siempre pegado al césped, su verticalidad como no ha existido otra, de futbolista que hace todos los movimientos orientados a marcar gol, su técnica aristotélica, no enfocada en la voluta sino en superar al rival, su disparo a gol finísimo, como efectuado con plomada, y una visión de juego compuesta, de microscopio + telescopio, que unía el ojo de Schuster con el pie de Beckham, válido lo mismo para los espacios cortos que para lanzar pases quirúrgicos de cuarenta metros.






