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sábado, 5 de abril de 2025


ESCRIBE BORGES en Otras inquisiciones para responder a Américo Castro, que se había quejado del español deficiente que hablaban los argentinos:
He viajado por Cataluña, por Alicante, por Andalucía, por Castilla; he vivido un par de años en Valldemosa y uno en Madrid; tengo gratísimos recuerdos de esos lugares; no he observado jamás que los españoles hablaran mejor que nosotros. (Hablan en voz más alta, eso sí, con el aplomo de quienes ignoran la duda.)
Y más abajo:
El hecho es que el idioma español adolece de varias imperfecciones (monótono predominio de las vocales, excesivo relieve de las palabras, ineptitud para formar palabras compuestas) pero no de la imperfección que sus torpes vindicadores le achacan: la dificultad. El español es facilísimo. Solo los españoles lo juzgan arduo.
He aquí la ventaja del que no es patriota del idioma: mientras el hispanohablante que nace en la Península ama a su idioma desde la cuna y no se hace preguntas sobre sus posibles defectos, porque sobrentiende que carece de ellos, el hispanohablante de América vive en una relación ambigua, como ya lo subrayó Octavio Paz, porque el español es un idioma propio pero también es el idioma del conquistador, y por tanto no se enamora de él sino que sospecha y lo escruta y lo juzga...

¿Cómo pudo convertirse un antiespañol cultural tan mayúsculo como Borges en el mejor escritor del idioma? ¡Precisamente porque no amaba el español y en consecuencia se puso en la situación de hacerle una enmienda a la totalidad! Siendo un hombre que conocía otros idiomas y otras tradiciones culturales que le parecían superiores, Borges tomó la espada desde el francés y el inglés y, hechas las comparaciones, atacó al español en el mismo centro del problema que padece desde Herrera, desde Quevedo, desde Góngora, desde Gracián: el de la mutiplicación cancerígena de vocablos, de sinónimos, de redundancias, de imprecisiones, que afecta incluso a los escritores no estilistas y que ha convertido el idioma literario en un idioma de charlatanes.

Entre tantos legados este es uno de los más grandes que nos deja Borges: el de que el escritor, antes de proclamar acríticamente "mi patria es el idioma", debe examinar su macizo central para ver si coincide con sus pulsiones más profundas. Si el idioma en que escribes no coincide con tu aparato digestivo, tienes derecho a zarandearlo y voltearlo y machacarlo hasta crear el tuyo.

viernes, 4 de abril de 2025


PERO QUÉ malos son los Silogismos de la amargura de Cioran, por favor. El gran Cioran es el que escribe en fragmento largo, el de La tentación de existir o Breviario de podredumbre, aunque también tiene algunos libros de aforismos notables, como De lágrimas y de santosDel inconveniente de haber nacido o Ese maldito yo. El propio autor dice en sus Cuadernos que trató de hacer "otro La Rochefoucauld" con sus Silogismos, lo que me hace abrir mucho los ojos, porque las Máximas del francés son perlas compactas puestas al servicio de un collar, mientras que los Silogismos de Cioran son una colección de ocurrencias que no están al servicio de un pensamiento superior. Abusa tanto del cisne negro y del corte de mangas que acaba aburriendo. Tiene un aforismo donde se delata, el subrayado es mío:
Por muy íntima que sea nuestra relación con las actividades del espíritu, no podemos pensar más de dos o tres minutos al día —a menos que por gusto o por oficio nos ejercitemos durante horas en brutalizar a las palabras para extraer de ellas ideas.
El intelectual representa la mayor desgracia, el fracaso culminante del Homo sapiens.
Yo no le exijo a nadie la capacidad de Sócrates, que según cuenta Jenofonte podía permanecer inmóvil, pensando en una misma idea, desde la mañana hasta la noche, pero decir que solo podemos pensar "dos o tres minutos al día" me parece la típica hipérbole gratuita de Cioran, de esas que te dejan con ganas de tirar el libro. ¿Cómo no vas a pensar una o dos horas en lo mismo si el motivo te preocupa o te es necesario? Si solo piensas dos o tres minutos al día es que no tienes necesidad ni inquietud por lo que estás pensando, o solo la suficiente para escribir una bola de bobadas como estas. Eso, por no ponerme más seria y levantar contra Cioran acta de acusación de fascista, como sabemos que lo fue en su juventud en Rumanía, pues este aforismo tiene un tufo a "Muera la inteligencia" que no veas...