martes, 20 de octubre de 2026

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LA LITERATURA nacional se erigió contra París: el gusano secreto que corroe tanto a Unamuno como a Ortega es su rechazo de la universalidad parisina. El complejo adquiere ribetes tan cómicos y ha dejado tanto poso que en los manuales de literatura (española, claro está) se te dice que el modernismo "lo trajo Rubén Darío a España" y ahí se acaba toda la genealogía.

—¿Cómo es eso, señor profesor? ¿Es que el modernismo lo inventó Rubén Darío?
—No, lo trajo de París.
—¿De París? ¿Acaso estaba el modernismo metido en una caja?
—No, lo tomó de algunos autores fran..., ejem, nacidos en algún lugar.

Cuando se llega a las vanguardias, sucede lo mismo: te dicen que las trajeron Huidobro, Vallejo, Neruda y punto. Hasta se dio el caso de que la mayor parte de la Generación del 27 (Aleixandre pidió perdón más tarde por haber negado la influencia francesa), con Alberti a la cabeza, atribuyó sus libros surrealistas "al barroco español" y negaron cualquier milímetro de influencia vecina.

¿Se puede decir que desde Moratín hasta el 27 la literatura española fue un apéndice de la francesa? No, esto no se puede ni se debe decir nunca, porque la propia esencia de la patria (todo lo nuestro es bueno y original y blablabla) lo prohíbe y además mira de quiénes nos habla esta, ¿acaso no sabe usted, doña Vanessa, lo que NOS hicieron los franceses?