COMPRÉ SEIS kilos de mandarinas a 75 céntimos el kilo en el mercadillo, una ganga, y además resultó que están deliciosas. Una gitana me vio de lejos y me gritó:
—¡Vanessa, tengo mucha ropa para ti!
La que me gritó es una mujer que vende ropa de segunda mano, a dos piezas por cinco euros, y a la que he comprado muchas veces a principios de mes. Me suelo gastar de treinta a cincuenta euros cada vez que la veo, pero el problema es que a fin de mes ya no tengo dinero para mis prostidresses. Cuando se lo he dicho se ha quedado con un chasco tremendo, la pobre, y me he vuelto a Bardot por una parte contenta con mis mandarinas, pero también un poco plof por no haberle podido comprar ropa.