UNA DE las boutades de Francisco Umbral, en los tiempos en que se proclamaba comunista, era decir que él se había hecho rojo por estética: sostenía el autor vallisoletano que la postura de crítica, rebeldía y desinstalación permanente del rojo era la más adecuada para hacer literatura, frente al conformismo ético y estético de los conservadores. No sé hasta qué punto ha envejecido mal esta idea umbraliana, pues ahora tanto Trump como Milei o Bolsonaro se presentan como rebeldes contra el "stablishment", mientras el izquierdista clásico es tachado de "políticamente correcto". Piensa una, de todas formas, que tarde o temprano se descubrirá el pastel y se demostrará que estos nuevos rebeldes de derechas no eran nuevos, ni rebeldes, y por no ser, ni siquiera eran buenos payasos.