lunes, 2 de noviembre de 2026

2483

JUAN RULFO sí que sabía que la lectura puede ser un peligro no digno de promoción. Escribe en una de sus cartas a su novia Clara Aparicio:
Desde que yo me acuerdo, siempre fui un sujeto dado a estar solo; ni cuando era chiquillo me gustó andar con los demás, jugaba a los juegos que se usan entonces, pero pronto me cansaba y entonces me sentaba en una silla y me ponía a leer lo que encontraba primero y allí me estaba lee y lee día y noche hasta que me apagaban la luz. Esto me hizo daño. Yo sé que me hizo daño para la vida. Uno tiene su vida interior formada desde los primeros años, y al fin un día se encuentra uno con la vida de afuera y la halla uno lleno de problemas y complicaciones y uno no está bien preparado para eso. Así pues, no creas que leer me hizo muy inteligente, no, me hizo más bartolo. Me encontré en mí mismo y vivía por dentro, porque le tenía miedo al mundo.
Hace tiempo, en uno de los trece blogs que destruí antes de este, subí un fragmento similar de Xi Kang, el sabio chino del bosque de bambú. Aunque tampoco tengo que acudir a Xi Kang ni a Rulfo: para saber que una vida interior fuerte, formada en la infancia, es algo contra natura que acaba volviéndote un monstruo y un anti, me basta con acudir a mí.