viernes, 6 de noviembre de 2026

2521

AL FINAL tanto Messi como Cristiano se retiraron de su selección siendo fieles a sí mismos. El debate sobre estos dos jugadores está viciado de origen, porque Messi es bastante mejor jugador, pero no por ello quiero desmerecer al que se esculpió a sí mismo hasta el punto de merecerse al menos la comparación. Como mentalidad es sin duda mejor la de Cristiano: mientras Messi conoce sus límites, Cristiano los niega y trata de llevarlos unos metros más allá. Precisamente esa es la razón de que haya terminado mal con su selección: Cristiano, como tantos boxeadores extraordinarios, no aceptó que su cuerpo declinaba, por lo que hubo que retirarlo.

La anécdota básica que ejemplifica a este crack del fútbol la ha contado esta semana Ten Hag, su entrenador en la segunda etapa en el Manchester United: “Me reuní con Cristiano Ronaldo para convencerlo de que su rol en el equipo debía disminuir. Le enseñé los kilómetros que hacía antes y los que hacía ahora; el número de regates que era capaz de hacer cinco años antes y los que hacía ahora; la presión sobre los defensas que ejercía antaño y la de ahora. No le expuse opiniones: le presenté datos irrefutables, pues en el fútbol actual se mide todo, pero no hubo manera de convencerlo: se oponía en redondo a reducir sus funciones o sus minutos en el equipo”.

La anécdota básica de Messi es en cambio esta otra que contó en su día Juan Carlos Unzúe, entrenador de porteros del Barça en la época de Rijkaard: “Cuando Messi tenía 18 años, comenzó a venir a la sesión de lanzamientos de faltas que hacíamos al final de los entrenamientos. En aquella época, los encargados de lanzar las faltas eran Ronaldinho, Deco y Márquez, por este orden. Messi venía, se sentaba encima de un balón y se quedaba mirando toda la sesión. Como Rijkaard se dio cuenta, un día me dijo: “Dile a Leo que venga aquí y se ponga también a tirar faltas”. Pero cuál fue mi sorpresa cuando, al pedirle que se uniera, me dijo que no. “Ahora no es mi momento —me dijo—, ya llegará mi momento”.

Las dos actitudes tienen sus problemas y ventajas. La parte mala de ese miedo-respeto-autocontrol que mostró Messi a lo largo de su carrera es que a veces derivó en una falta puntual de liderazgo o falta de resistencia a la adversidad. La parte buena es que consiguió ser muy querido por sus compañeros, que siempre le agradecieron que no se comportara con ellos como un superior, y de ahí que tantos jugadores argentinos, en Qatar, declararan su deseo de ganar el Mundial “para que lo gane Messi”. En el caso de Cristiano, la parte buena de su actitud de afirmación del ego y no aceptación de los límites es que a menudo mostró mucho liderazgo y consiguió llegar a un nivel futbolístico que no traía de fábrica; la parte mala es que tuvo problemas con hasta con cuatro entrenadores (la gente se olvida de Queiroz, que tras la eliminación en el Mundial de Sudáfrica declaró que “Portugal necesita a Ronaldo, pero si la camiseta de la selección le queda pequeña, no tiene por qué estar aquí” y en 2018 declaró que "la historia de Portugal no empezó en la isla de Madeira con Cristiano Ronaldo. Comenzó mucho antes") y tampoco consiguió que sus compañeros de equipo, tanto a nivel de club como de selección, se ofrecieran a darlo todo por él, una vez que se dieron cuenta de que Cristiano lideraba, sí, pero sobre todo para sí mismo.