YA LO tengo decidido: mientras conserve a Lorca y a Broma voy a seguir haciendo lo imposible por vivir en un piso de Madrid, pero cuando ya no tenga gatos voy a ponerme a vivir en una caravana de segunda mano, la más barata posible, con el fin de resistir la locura de precios de Madrid. Con la caravana además eliminaría otro de mis problemas esenciales para vivir, el del ruido, porque trabajo de noche y duermo en el fárrago del día, acechada por sonidos continuos que me despiertan, problema que eliminaría si contara con una caravana y pudiera moverla hacia lugares adecuados.