viernes, 8 de agosto de 2025

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COMO LECTORA nunca pasaré de adolescente. Con qué emoción he leído este fragmento en el que Heine habla de Goethe, sobre todo el trozo en que ataca a los "humildes", el subrayado es mío:
En efecto, en Goethe se daba la perfecta armonía entre la personalidad y el genio, tal como se exige a los hombres extraordinarios. Su porte era tan imponente como la palabra que late en sus obras. Su apariencia también era armoniosa, límpida, alegre y de proporciones nobles y se podía estudiar en él el arte griego como en una estatua antigua. Ese cuerpo majestuoso nunca dejó que la cristiana humildad de gusano le bajara la cerviz; su semblante jamás se descompuso por la contrición cristiana; sus ojos no se nublaron por la timidez del pecador cristiano ni se entornaron devotamente ni se alzaron, trémulos, al cielo. No; su mirada era serena como la de un dios.