ME ACABO de suscribir a The Washington Post como la malinchista y cosmopaleta genética que soy. Solo son 20 euros el primer año; en el caso de que el año que viene renueve, la suscripción anual me costará 60 euros. Pensé primero en suscribirme al The New York Review of Books o al London Review of Books, pero como el precio iba de 120 a 150 euros anuales, al final he respetado mis límites de pobretona.
Cosmopaleta es una palabra creada por los fachas que me encanta, porque ilustra con sarcasmo el idealismo color de rosa que late detrás de todo universalismo, habida cuenta de que nos es imposible conocer de forma cabal hasta nuestro propio barrio. Pero el universalismo no es una meta, sino una intención: la de llegar lo más amplia y más llena de regalos al atáud, tratando de comprender desde lo más antiguo a lo más lejano.
Tengo escrito, en una de mis quoteboots del último año, NO ERES PERSONA SI NO CONSERVAS UNA MIGA DE IDEALISMO, pues creo que esas migas de imposible son el verdadero combustible que nos impulsa a vivir. A mí ya se me cayeron los ideales de familia, pueblo, patria, Dios, poesía, amistad y creo que casi el del amor, pero me he hecho fuerte como cosmopaleta y voy a abogar por ese imposible hasta el final.