miércoles, 8 de octubre de 2025

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LA DIFERENCIA entre Nietzsche y Cioran me parece esta: mientras Cioran es un decadente rabioso, rara mezcla del propio Nietzsche con Pizarnik, San Juan de la Cruz y Oscar Wilde, que hace equilibrios entre el suicidio, el misticismo y el no tomarse nada en serio, y escribe como un hombre cínico y escéptico, ya de vuelta de todo, que toma la pluma sin creer en ella, Nietzsche es una raza de pantera que siempre entra al folio con el colmillo goteante, deseoso de ganarse el favor de la posteridad, con unas garras y un fanatismo de los más grandes que han existido (el mayor, en mi opinión), dispuesto a verter en serie sus obsesiones, pues era un hombre obsesivo, peculiaridad que es la que finalmente salva su obra, porque este helenista alemán, aunque es fragmentario, aunque es muy vario, aunque también se contradice, es un autor sorprendentemente cohesionado que vuelve una y otra vez sobre los mismos temas, a los que no consigue dejar, hasta el punto de que se puede decir que algunos de sus libros son revisitaciones de otros (Crepúsculo de los ídolos, por ejemplo, o El Anticristo, que a mí me parece el mismo libro que Aurora, solo que escrito siete años más tarde por un cerebro mucho más dionisíaco y poderoso, que pronto iba a colapsar). La filosofía de Nietzsche, señor Kundera, no brilla solo porque sea antisistemática y fragmentaria, sino porque Nietzsche hace un pacto con los sistemáticos, de los que recoge lo mejor de sus técnicas, y las integra en el pensamiento aforístico. Con los años hemos tenido acceso a los fragmentos que no publicó y, ¿qué se infiere de esos fragmentos, señor Kundera? Pues que Nietzsche nunca siguió su propio imperativo de "respetar la manera efectiva en que nos llegan los pensamientos", sino que tachó, cortó, pegó y no hizo ascos a cambiar o recoger lo que había tirado, ¡como todo hijo de vecino!