viernes, 2 de enero de 2026

1764


PARA ENTENDER a Jesús hay que ser poeta: hay que ser consciente de las cantidades de vanidad que genera la actividad creativa y el ego incontrolado que causan los aplausos masivos. Hasta su llegada a Jerusalén Jesús desempeñó una carrera perfecta, pero no se puede blanquear su última semana, donde dice varias veces y muy claramente que es el hijo de Dios. ¡Llegó a creerse Dios, en serio! 

Sufrió una muerte horrible e injusta, sin duda, pero él mismo se metió a sabiendas en el agujero. Un poeta nunca debe salir de la periferia anarquista en la que vive; Jesucristo fue un gigante que al final fue vencido por su deseo de triunfar en el corazón del sistema.