sábado, 3 de enero de 2026

1768


MI 2025 fue nefasto porque fue el año en que perdí a Miss Vico, que todavía no sé por qué me dejó, aunque supongo que mi confesionalidad incansable y mi sublimación acrítica tuvieron que ver con ello, pues era una mujer espartana, sin tonterías, que quizá casaba mal con una bufona mamarracha como yo. Ella fue la chica más guapa que he visto en mi vida y la que llevaba su belleza con mayor majestad, además de un cráneo plurimorfo que bordaba todos los sembrados, una especie de McGyver con bragas. Gracias a Victoria escribí cosas como La chica Tre o el Vicopoema de las quince patas. Fue dejarme ella y mi escritura se desplomó: hasta Lillyta me dice que mis mejores centellas siempre han sido las vicocentellas y que en cambio mis malasias son una mierda. Desde finales de junio ya no he entrado a ninguno de los espacios de Miss Vico ni he visto una sola foto de ella (por precaución, pues sé el daño que me hacen), pero sigo conservando el tatuaje con su nombre en mi brazo izquierdo, pues me gusta regodearme en mis fracasos: hasta en la pasión por contemplar mi decadencia me parezco enteramente a mi padre.