EL CALABACÍN rebozado debería figurar en mi élite de alimentos básicos, pero al final se queda fuera por la incomodidad que me supone aplicar harina a un plato llano y luego conservar ese plato en el armario, con lo poco ordenada que soy. Además el calabacín, tras dos o tres semanas en las que lo devoro una vez cada día o cada dos días, me acaba estragando al punto de que puedo prescindir de él durante meses, cansancio que nunca sufro con la lechuga, el tomate, la cebolla, la escarola, las nectarinas, las cerezas, las fresas o las naranjas.