¿Y CÓMO es que los psicólogos y terapistas de hoy, tan rápidos a la hora de aconsejar relaciones sociales de calidad, no inciden del mismo modo en advertir de lo difíciles que son esas relaciones, sobre todo entre las clases bajas, como demuestra el matrimonio insultador del que he hablado arriba?
Hay que conocerse un poco, saber el número de ángeles y demonios que llevas dentro, examinar tu historial de relaciones y, si ves que son dificultosas y acaban a menudo en nuevas frustraciones, hacerse fuerte en la soledad. No hablo de embellecer la soledad o proponerla como ideología, pues si es tan crónica como la mía es sin duda un estado malo, pero según la persona a veces es un mal menor tanto para sí misma como para los demás.
Aquí termina la lección nº 4297 de la terapista maricrónica, que afirma que las "relaciones sociales de calidad", bastante asequibles para las personas simples, conformistas y acomodadas, son una utopía para las personas sensibles, llenas de curiosidad e inteligencia, o para las personas de clase baja, aquejadas de problemas económicos que ningún psicólogo puede solucionar.