domingo, 4 de enero de 2026

1786


YA LLEVO como diez años sin comer uvas en Nochevieja. Para mí es un orgullo que simboliza mi apartamiento definitivo de la tosquedad de mis semejantes, pues no me negaréis que no es burdo de ganas tratar de comerse doce uvas en doce segundos. Ya desde muy pequeña me di cuenta de que no se podía, salvo que fuerces o te las tragues, y eso es lo que hacía: masticaba rápido y me las tragaba. ¿En qué colectivo puede triunfar una tradición tan zafia, tan marrana, tan de puñetazo en la mesa? Efectivamente, en ese colectivo.