SOBRE LA pareja de la que hablé anteayer, la que ya estaba mal avenida desde junio, cuando entré a vivir a Bardot, pero que durante las Navidades ha experimentado un recrudecimiento en los insultos y las faltas de respeto, ayer pude escuchar sin ningún esfuerzo a través de la pared que ella le decía, a voz en grito:
—¿Sabes cuál es tu problema? ¡Tu problema es que se te están jodiendo las rodillas de tanto chupar pollas! ¡Chupas tantas pollas que pronto no vas a poder andar por la calle!
Estoy empezando a ver que estos dos me la van a acabar liando y voy a tener que llamar a la policía o entrar a separarlos. Él parece más sereno, pero de pronto también se pone a gritar y entonces ella baja el pistón de los insultos, como consciente de quién tiene la fuerza bruta.
Ya lo decía Virginia Woolf: al final tratar de esquivar la vida no sirve para nada. Yo me he montado la vida más cobarde que pueda imaginarse, pero siempre aparece alguien, como estos dos pedazo de idiotas, que me obligan a existir contra mi voluntad.