AL FINAL creo que me voy a conseguir otro gato después de que se mueran los dos que tengo ahora, porque no me he dado cuenta de lo que es vivir con ellos hasta que he llegado a Bardot, que es un estudio que me impide la privacidad. En otros pisos solía cerrarles la puerta de mi dormitorio y gran parte de mi vida se hacía con ellos al lado pero al margen; desde que vivo en Bardot, en cambio, las paso canutas siquiera para que no estén todo el rato en mi cama.
La vida con mis gatos ha amanecido a una nueva intensidad hasta ahora desconocida para mí. Cuando me despierto, no tengo ni tres segundos para darme cuenta de que mi vida es una puta mierda (tampoco estoy segura de que lo sea, pero no puede ser buena una vida sin amor), porque enseguida descubren que estoy despierta y se suben a mi cama o me empiezan a pedir cosas (también ellos quieren amor).
Se puede decir que he descubierto a los gatos a los 51 años de edad. Igual a los 60 consigo descubrirme a mí.