sábado, 10 de enero de 2026

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LO BUENO del regreso de la política internacional al centro de lo público es que los debates son mucho menos cruentos que los domésticos, porque la gente no comprende de verdad lo que hay en juego o lo ve demasiado lejos para que sea posible. En realidad nadie, salvo quizá Bertrand Russell, se ha pasado una noche sin dormir por miedo a la catástrofe nuclear, y lo mismo por el futuro virus asesino, el cambio climático o la inteligencia artificial. Es en cambio citar los nombres de Ayuso, Pablo Iglesias, Puigdemont o Pedro Sánchez, y todo son cuchillos, navajas y recortadas, aunque estos como mucho van a destruir España, y ni todos juntos lo consiguen.