ME ACABO de enterar de que el Real Madrid ha echado a Xabi Alonso, algo que ya adelantó una hace siete meses (AQUÍ), aunque me he equivocado en las fechas solo por veinte días (dije que no se comía el turrón). El despido, sin embargo, además de precipitado, porque el club blanco aún tiene posibilidades en las tres grandes competiciones, me parece muy injusto habida cuenta de las lesiones que ha padecido su plantilla y de las carencias de su medio campo, al que le falta un nuevo Kroos (Zubimendi, Rodrigo) y un centrocampista organizador (Vitinha, McAllister). Precisamente Xabi pidió en vano a Florentino Pérez esos refuerzos en agosto, por lo que el despido se hace aún más difícil de entender.
El Real Madrid es el club que más ha acertado en la historia del fútbol; eso no obsta para señalarle dos carencias que nuevamente han asomado en este despido. La primera: el Real Madrid siempre ha sido un equipo de jugadores y prima donnas, donde el entrenador es un actor secundario al que no se le da cariño, un ser sospechoso siempre considerado un "mal menor" al que soportar. La segunda: el Real Madrid apenas tiene tolerancia a una derrota ante el Barcelona, porque la considera no solo una derrota deportiva, sino el fracaso de una manera correcta de estar en el mundo.