LO HE dicho muchas veces y lo vuelvo a decir: el "YO TAMBIÉN TE CREO" al que se aferra gran parte del feminismo, aplicado al ciento por ciento, es una barbaridad y una injusticia. Salí con tres chicas después de Iratxe: dos de ellas me pusieron a parir después de la ruptura y propiciaron que su círculo me dejara de hablar (porque cierto feminismo funciona como tribu). ¿Y qué les hice yo tan malvado a esas chicas, cuando es conocido que me da asco el acto sexual y que les advertí desde el minuto uno que no me las pensaba follar? La acusación que me hacían, creo (pues tampoco estoy segura, porque así funciona este tipo de gente, que te dejan de hablar sin darte ningún tipo de explicación), es que yo les hacía "ghosting", esto es, que suspendía abruptamente la comunicación con ellas con la intención maligna de dominar la relación. Aquí matizo que, si lo que se me acusa es de "ghosting" radical, la acusación es falsa, porque siempre contesté a los mensajes de las chicas con las que salí. Lo que sí hago, cuando la relación empieza a ir mal, es dejar de tener ganas de enviarlos yo misma. Cualquiera que me haya conocido un poco sabe que no hay ningún deseo de dominación en ese comportamiento mío, sino que simplemente soy así: en cualquiera de mis relaciones sociales acabo recluyéndome en la soledad en cuanto noto que las dificultades son irresolubles y solo me proporcionan sufrimiento. Así he dejado a mi familia, a mis antiguos amigos (los tuve), a mis ex e incluso a todas esas personas que, sin ser amigos, tampoco sería justo definir como simples conocidos.
¿Y a quién perjudica en último término el aislamiento en que me recluyo? Pues creo que sobre todo a mí.