CUÁNTAS PERSONAS han sido destrozadas por la sociedad y cuántas lo siguen siendo ahora, en este mismo minuto, por culpa de ese estado de ebriedad irracional por el que las manadas delegan su libertad en jefes y gobiernos horrorosos, incluso los blanqueados con el nombre de democracia, que se sienten con autoridad para dar órdenes y arruinar la vida del individuo no borracho, el que no se entrega a la secta ni la representación ni la consigna. Demostradme en cambio en qué perjudica a nadie una solitaria solipsista que vive aislada de todos, con sus dos gatos, dedicada a leer libros y hacerse pajas.