LA POLÍTICA es para jóvenes, que son los que siempre se creen las llamadas apocalípticas. Los que dicen que ahora vivimos tiempos convulsos ignoran que a mediados de los años ochenta eran frecuentes los rumores de golpe de estado en España, o que el debate político se conocía como La crispación, con discusiones sobre la ley de divorcio o la entrada en la OTAN tan cruentas o más que las de ahora.
Todos los tiempos son convulsos desde que apareció el periodismo, no porque realmente lo sean, sino porque es la razón de existir de los media. Este exageracionismo se ha multiplicado por quince desde que han aparecido las redes sociales, que practican un periodismo de nivel subterráneo. No hay manera de navegar media hora en la red sin encontrarte a dos o tres salvamundos tratando de convencerte de que nos dirigimos directos a la cascada, aunque estemos en el medio del lago más plácido.
Para este problema solo existe la solución de cortar unos días la conexión a Internet, o solo entrar para ver series de humor. Los resultados (mejoría de la salud y de la propia actitud ante la vida) se ven enseguida.
–¿Y si realmente los peligros que afronta el mundo sí que son gigantescos, Vanessa, y yo estoy tirada en la cama pasando de todo, haciéndote caso a ti?
–Incluso en ese caso es mucho mejor que el final del mundo te pille en la cama viendo películas que discutiendo con idiotas en una red social.