sábado, 11 de abril de 2026

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EN LA red mis centellas ya no tienen nada de éxito (salvo para plagiármelas), porque en la red existe un overbooking de frases de todos los tipos que dan ganas de tirarse por las escaleras. Ya es curioso y el colmo de la paradoja que en su origen el aforismo fuera un género aristocrático. También ayuda a mi progresiva desaparición en la red, claro está, el escándalo generado por mi deterioro psicológico (esa mezcla inexplicable y turbia de nihilismo y obscenidad), que tampoco estoy segura de que sea deterioro, sino solo la consecuencia última de mi soledad crónica, una vez que se me agotaron todos los clavos ardiendo.

Mis frases, sin embargo, triunfan de forma resonante en la calle, al punto de que tengo dificultades para fotografiarlas de tanta gente que se detiene a leerlas. Ayer mismo, después de colocar un hexágono, un hombre se echó encima de él y comenzó a sacarle fotos. Mis frases además me obligan a salir al aire y ponerme a tiro del sol, ese señor amarillo, que es salud para mis ojos y para mi vitamina D.