AHORA BIEN: El 90% de mi calidad de vida procede de que me libré de mi madre, hazaña más grande que cualquiera de las de Gengis Kan. En los treinta primeros años de mi vida conviví con una ira inextinguible, misteriosa; fue ponerme a vivir en Madrid y esa ira fue desapareciendo hasta convertirme en la persona que soy ahora, que hasta me río cuando mis gatos se mean en Bardot (Broma, sobre todo) con una paciencia que ni Job. A veces hay que matar para renacer: yo no renací como otro ser mejor hasta que no borré a esa persona.