ASÍ COMO Eurípides sostenía que para llegar a ser un personaje célebre había que nacer en una ciudad importante, Goethe establece tres condiciones para que nazca un gran escritor:
—Debe nacer en una gran nación.
—Esa nación debe tener un alto nivel cultural.
—Esa nación debe estar atravesando una época de grandes acontecimientos.
Que Goethe se equivocaba se prueba en que él, después de establecer estas tres condiciones, lamenta que en su época no se cumplieran (Alemania no era una gran nación, pues estaba dividida en infinidad de taifas; el nivel literario no era alto y tampoco atravesaba por grandes acontecimientos, pues los protagonistas de la época eran los franceses). Sin embargo, tanto él como Schiller como Hölderlin (y Novalis, Kleist y Hoffmann, en menor medida) accedieron a la fama europea y mundial, por no hablar de los filósofos (Kant, Fichte, Hegel, Schopenhauer...) que lo consiguieron, mientras la "gran nación" Francia pasa por quizá los peores cuarenta años de su destacadísima historia literaria, pues entre la muerte de Voltaire y el Hernani de Victor Hugo solo da a Chénier, Chateaubriand, Sade, Constant o Madame de Staël, que tampoco me parecen de primerísima fila si los comparamos con lo que va a aparecer desde Balzac a Camus.