CUENTA CLAUDEL en su diario que la Comisión de Fourvière, para un mosaico dedicado a las glorias de Francia, quería representar a Napoleón a caballo saludando a Notre-Dame. Un miembro de la Comisión se opuso, pero al final, viendo que era minoría, trató de pactar:
—¡Bueno! Si ponemos a Napoleón, ¡por lo menos no lo pongamos a caballo!
Claro. Las representaciones ecuestres son más: más grandeza, más gloria, más leyenda. Poner a Napoleón sin caballo, a la manera de un simple escritor, hubiera contribuido a desnapoleonizarlo.