DISFRUTANDO DE noviembre, el único de los cuatro meses comestibles que tiene Madrid junto con octubre, marzo y abril. Luego me quejo del carácter imposible de los madrileños (que no tienen ninguna culpa, pues más imposible soy yo), pero con un clima tan canalla cómo vas a esperar que esta ciudad dé una cosecha de Montaignes. Me recuerda esto a un artículo de Julio Camba donde un inglés, después de quejarse a lo Larra de la desidia española, asiste en Sevilla a una jornada de 41 grados a la sombra, lo que le hace decir:
—A esta temperatura, yo entiendo a España.