martes, 16 de septiembre de 2025

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ESCRIBE EN NYT Navi Pillay, que lleva treinta años persiguiendo genocidios:
En 1995, el presidente sudafricano Nelson Mandela me pidió que fuera juez del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. El tribunal judicial que presidí condenó a tres ruandeses por genocidio. Por eso entiendo la palabra «genocidio», y no la uso a la ligera. Es el intento deliberado de destruir, total o parcialmente, a un pueblo. Representa la violación más grave de nuestra humanidad compartida y la más grave violación del derecho internacional. 
Pillay repasa a continuación las pruebas por las que Israel está cometiendo genocidio:
Más de 64.000 palestinos han sido asesinados, incluyendo más de 18.000 niños y casi 10.000 mujeres, según funcionarios de salud de Gaza. La esperanza de vida estimada en Gaza se ha desplomado de 75 años a poco más de 40 en un solo año, uno de los descensos más pronunciados registrados. Hospitales, escuelas, iglesias, mezquitas y barrios enteros han sido destruidos. Nuestro análisis encontró que la hambruna ha sido utilizada como arma de guerra y que el sistema médico ha sido destruido deliberadamente. La atención médica materna ha sido gravemente socavada. Los niños han sido privados de comida, baleados y enterrados bajo los escombros. Según UNICEF, un niño muere cada hora en Gaza. Estos no son accidentes de guerra. Son actos calculados para provocar la destrucción de un pueblo. 
Finalmente, Pillay enuncia las acciones que deberían tomar los gobiernos:
Todo Estado tiene la obligación de prevenir el genocidio dondequiera que ocurra. Esta obligación exige acción: detener la transferencia de armas y el apoyo militar utilizados en actos genocidas, garantizar la asistencia humanitaria sin trabas, detener el desplazamiento masivo y la destrucción, y utilizar todos los medios diplomáticos y legales disponibles para detener la matanza. No hacer nada no es neutralidad. Es complicidad.
En ninguna parte del artículo dice Pillay que enfocarse en un equipucho ciclista o no presentarse a Eurovisión puede detener el genocidio, como debe pensar cierto gobierno que, ya con el genocidio avanzado, ha seguido vendiendo armas a Israel y todavía sigue sin cortar el grifo de la muerte.