domingo, 12 de octubre de 2025

1438


NIETZSCHE SIEMPRE fue un niño pequeño. A veces hasta sorprende la poca inteligencia que hay dentro de su tanta inteligencia. Dedica unas páginas de su Ecce Homo a contarnos con detalle las recensiones a menudo malas que sufrieron sus libros. Se le nota resentido, pero finalmente nos dice con superioridad: "De sobra saben mis editores y mis amigos que yo no leo las recensiones sobre mis libros". Unas páginas después, tras arremeter contra sus propios amigos, a quienes llama "presuntos", por no tratarle como a un genio ni considerar como obras maestras los libros que ha escrito, de pronto se desdice, ya que "este tipo de cosas no me hieren ni me hacen sufrir, porque el amor fati es mi naturaleza más íntima".

Se salva siempre, sin embargo, por su sobrante de energía. Como pasa con Shakespeare, como pasa con Hugo, para leer a Nietzsche hay que colocarse cerca de un árbol para que no te arrastre su vendaval.