QUÉ MIEDO le tienen al que desea, al que aspira, al que dice algún día… Yo es que si lo pienso un poco me doy cuenta de que soy nietzscheana, pero al final acabo siendo su anti porque estoy corregida por el cristianismo de mi niñez y el izquierdismo de mi juventud. Y también porque se lo merece, ¿eh? Porque en sus últimos libros lleva sus ideas a unos límites inhumanos que me dan ganas de decir, como Macbeth: “Me atrevo a todo lo que es digno de un hombre; quien se atreva a más, ya no lo es”. Dice por ejemplo en el aforismo 259 de Más allá del bien y el mal:
Aquí resulta necesario pensar a fondo y con radicalidad y defenderse contra toda debilidad sentimental: la vida misma es esencialmente apropiación, ofensa, avasallamiento de lo que es extraño y más débil, opresión, dureza, imposición de formas propias, anexión y al menos, en el caso más suave, explotación, — ¿mas para qué emplear siempre esas palabras precisamente, a las cuales se les ha impreso desde antiguo una intención calumniosa? También aquel cuerpo dentro del cual, como hemos supuesto antes, trátanse los individuos como iguales — esto sucede en toda aristocracia sana — debe realizar, al enfrentarse a otros cuerpos, todo eso de lo cual se abstienen entre sí los individuos que están dentro de él, en el caso de que sea un cuerpo vivo y no un cuerpo moribundo: tendrá que ser la encarnada voluntad de poder, querrá crecer, extenderse, atraer a sí, obtener preponderancia, — no partiendo de una moralidad o inmoralidad cualquiera, sino porque vive, y porque la vida es cabalmente voluntad de poder. En ningún otro punto, sin embargo, se resiste más que aquí a ser enseñada la consciencia común de los europeos: hoy se fantasea en todas partes, incluso bajo disfraces científicos, con estados venideros de la sociedad en los cuales desaparecerá «el carácter explotador»: — a mis oídos esto suena como si alguien prometiese inventar una vida que se abstuviese de todas las funciones orgánicas. La «explotación» no forma parte de una sociedad corrompida o imperfecta y primitiva: forma parte de la esencia de lo vivo, como función orgánica fundamental, es una consecuencia de la auténtica voluntad de poder, la cual es cabalmente la voluntad propia de la vida.
Vaya este fragmento para los blanqueadores profesionales de Nietzsche, que sostienen que su voluntad de poder solo es una solipsista voluntad de vida que excluye machacar a los demás. Al final una aldeana pobre de Lauros no se puede llevar bien con un noble de Rocken, porque a ese helenista no le importaba lo más mínimo no solo explotar a los pobres, sino hacerlos desaparecer. Escribe en su Ecce Homo, en el capítulo dedicado a El origen de la tragedia:
Adelantemos nuestra mirada un siglo, supongamos que mi atentado contra los milenios de contranaturaleza y de violación del hombre tiene éxito. Aquel nuevo partido de la vida que tiene en sus manos la más grande de todas las tareas, la cría selectiva de la humanidad, incluida la inexorable aniquilación de todo lo degenerado y parasitario, hará posible de nuevo en la tierra aquella demasía de vida de la cual tendrá que volver a nacer también el estado dionisiaco. Yo prometo una edad trágica: el arte supremo en el decir sí a la vida, la tragedia, volverá a nacer cuando la humanidad tenga detrás de sí la conciencia de las guerras más duras, pero más necesarias, sin sufrir por ello.
Fragmentos como estos dan cobertura a cualquiera que desee emprender un genocidio. Nietzsche no consigue visualizar la “vida” sin charcos de sangre alrededor.