SOBRE EL Real Madrid y sus privilegios como club oficial de España ya hablé en su día, pero tengo nueva munición que añadir, pues hace unos meses iba saliendo del metro de Chamartín cuando escuché a lo lejos unos ruidos extraños, como de fiesta. Entonces no le di mayor importancia: pensé que sería alguna manifestación de algún partido político o alguna reivindicación obrera amenizada con música.
Cuál fue mi sorpresa cuando, esa misma semana, me encontré en los diarios deportivos las quejas de los vecinos del Santiago Bernabéu, y en los comentarios de los lectores algunos señalaban que los ensayos de los conciertos se escuchaban ¡desde metro Chamartín, como yo escuché aquel día! Una ya conocía esas quejas, pero pensaba que se limitaban a un perímetro de unos quinientos metros alrededor del estadio, ¡jamás pensé que alcanzaran hasta metro Chamartín, que está a unos tres o cuatro kilómetros! Ya picada por las noticias, investigué más y pude hallar en la red vídeos dantescos publicados por esos vecinos de las zonas aledañas, a cuyos pisos hasta les temblaban los cristales cada vez que se celebraban conciertos o ensayos.
¿Y cómo es que el Ayuntamiento de Madrid permitió esto y tardó tantos meses en dar marcha atrás, si le bastaba con enviar un operario con un sonómetro en la mano para constatar que se superaban varias veces los límites de ruido? ¿Y cómo es que nadie del Ayuntamiento sabía lo que ahora cualquier ingeniero de sonido reconoce, que la insonorización del nuevo Bernabéu ya desde la maqueta era puro cuento?
Se me dirá que todos los alcaldes de todas las ciudades se arrodillan ante los clubes de fútbol que las representan, pero eso no es cierto. Cuando yo me fui de Vizcaya, a finales de 2004, el Athletic Club tenía previsto construir un nuevo estadio, y para ello mantuvo varios tiras y aflojas con el alcalde de la ciudad, Iñaki Azkuna. El Athletic deseaba que el Ayuntamiento le cediera terrenos colindantes para hacer un estadio/complejo comercial con multicines, Eroski, Carrefour, Leroy&Merlin, Ikea, etc, con el fin de ganar dinero cobrando un alquiler a todas esas empresas, pero el alcalde se plantó y les dijo muy clarito: “Por supuesto que el Athletic es importante para Bilbao, pero no puede ser lo más importante. Desde el punto de vista social, el fútbol no puede tener tanta importancia”. Esa postura del alcalde no le hizo ningún amigo, ¿eh?, porque el Athletic tampoco es solo un club deportivo, sino la joya de la corona del nacionalismo vasco.
Al final, sin embargo, el Athletic tuvo que ceder y en 2013 inauguró el nuevo San Mamés, que es principalmente un estadio de fútbol con un museo de trofeos, tienda oficial de prendas del club y algún bar restaurante extra, pero muy lejos del complejo faraónico que pretendía.
Qué diferencia entre Azkuna, que por comportamientos como este fue elegido mejor alcalde del mundo en una ocasión, y el señor Almeida, mero lacayo del presidente del Real Madrid al que tampoco quiero crucificar, porque me conozco el percal de esta ciudad y me pregunto: ¿Cuánto duraría un alcalde en Madrid que se atreviera a ir contra el club blanco?