DICE LA viuda de Mandelstam, Nadiezhda, en su libro de memorias Contra toda esperanza:
Mandelstam apreciaba a Maiakovski y me contó que hubo un tiempo en que se hicieron amigos en Petersburgo, pero luego fueron llevados en direcciones distintas: los poetas de tendencias diferentes no acostumbraban a tener amistad.
Aunque esto no sucede al 100%, y para ejemplo voy a poner la opinión siempre elogiosa de Rubén Darío sobre la poesía radicalmente opuesta de Unamuno, es verdad que los poetas muestran una lastimosa tendencia a crear banderías mucho más cruentas que las de otros géneros literarios; diríase que el poeta es una animalidad más acentuada que la del novelista o la del ensayista, alguien que escribe como poseído, al dictado de su demonio, y que luego no acepta que otros demonios dicten de manera distinta a otros poetas.