sábado, 14 de febrero de 2026

1976


NUNCA LE he encontrado la gracia al objetivismo flaubertiano, que Cortázar describe de esta forma tan bella: “El relato debe desprenderse del autor como una pompa de jabón de la pipa de yeso”. Prefiero mil veces lo que se cuenta con pasión que lo que se cuenta con los guantes puestos; contar una historia sin entrometerse siempre me pareció el triunfo de los cubitos de hielo sobre los tizones del fuego. Porque además es puro artificio: observad cómo habla la gente de la calle y os daréis cuenta de que interfieren y opinan continuamente sobre lo que están contando. Lo cálido y humano es adherirse o enfrentarse a la narración que cuentas, comprometerte y mancharte con ella; lo contrario es propio de los esquimales de la literatura.