martes, 17 de febrero de 2026

2000


EN SU autobiografía Viviendo mi vida, Emma Goldman comienza diciendo que no quería escribir sus memorias hasta que fuera muy anciana, pero que cambió de opinión cuando se dio cuenta de que la vejez no era lo que pensaba:
Descubrí, para sorpresa mía, que la vejez, lejos de estar llena de sabiduría y madurez, lo estaba de senilidad, estrechez de miras y rencor mezquino.
Estudios recientes, sin embargo, desmontan el tópico del anciano resentido y cascarrabias. Dice Dana Rosenfeld, gerontóloga social de la Universidad de Westminster, en este reportaje de la BBC:
Con la edad tendemos a enfocarnos en los recuerdos e información positiva, y nos volvemos mejores a la hora de regular nuestras emociones.
También en este reportaje de NYT se dice lo mismo: las personas mayores se vuelven más felices porque aceptan lo que les toca, aprenden a evitar los conflictos, conservan lo bueno del pasado y no piensan con ansiedad en el futuro. En un estudio realizado en 2020, dirigido por Laura Carstensen de la Universidad de Stanford, se analizó a 1000 personas durante la pandemia y se encontró que las mayores de 50 años habían sido las más felices de todas, independientemente de sus ingresos o su educación, a pesar de que formaban el segmento de la población más vulnerable a la enfermedad.