MBAPPÉ ESTÁ en su momento Maradona: me refiero al año 86, cuando mucha gente empezaba a cansarse de las asimetrías del crack argentino, cuya consistencia generaba sospechas: recordemos que Núñez, el presidente del Barcelona, decidió venderlo al Nápoles cuando el nombre del pelusa salió en la detención de unos narcotraficantes. En aquel año, todavía todo el mundo consideraba a Michel Platini como el mejor jugador del mundo, pero lo que sucedió a partir de ahí ya es historia. Mbappé está en la misma encrucijada: nadie discute su calidad ni el número de goles, pero sí su capacidad para hacer campeones a sus equipos. De lo que haga en el Mundial de USA va a depender que empecemos a considerarlo en la mesa de Messi y Cristiano..., o que nos resignemos a colocarlo como otro Ronaldinho u otro Neymar.