AL HILO de esto, cuántas veces he pensado yo que la ocurrencia funesta de Pitágoras o Platón o algunos popes religiosos, la de que existe un alma inmortal, tiene todo el sentido si sustituyes alma por "ego". El ego sí que desea durar y hasta estoy por decir que el mío, una vez que yo esté clínicamente muerta, aún seguirá viviendo al menos durante setenta y dos horas, haciendo recopilación memoriosa de todo lo grande que se creyó.