UNA DE las decepciones que como frasista urbana causo a cierta gente es que me salgo de la caja de "poeta de barrio". Todavía recuerdo un artículo de 2017 donde un menda me denunciaba porque, según él, "siendo Neorrabioso de Carabanchel, a qué viene a pintar los cubos de basura de Chamberí". Con la llegada de los hexágonos este nomadismo se ha multiplicado: hoy cuelgo cincuenta hexágonos en Prosperidad, mañana en Vista Alegre, pasado en Lavapiés. Algunos transeúntes hasta se emocionan conmigo, oh, oh, ha aparecido en el barrio una poeta, pero la prueba definitiva de su cariño solo llega, al pasar las semanas y los meses, cuando descubren hexágonos en la otra punta de la ciudad. Aquí algunos de mis amantes se hacen aún más acérrimos, pero otros tantos me abandonan al grito de "si no eres solo de mi barrio, ya no te quiero".